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jueves, 17 de octubre de 2013

'El Quinto Poder', la revolución de Julian Assange

"Si quieres la verdad debes buscarla tú mismo. Eso es lo que les da pánico. Tú". Bajo esta premisa, Julian Assange saltó por los aires las reglas del periodismo y a mediados de 2006 lanzó a la red Wikileaks, un portal informativo creado con el fin de poner en jaque a cualquier Gobierno -tirano o democrático- desclasificando información, en su mayoría, sensible.

Esos documentos eran facilitados por fuentes (interesadas) cuyo anonimato se garantizaba, siendo este otro de los pilares fundamentales de la organización. Con el afán de acercarse a la verdad, el propio Assange garantizaba la literalidad de los escritos, aborreciendo la edición de los mismos que era considerada como manipulación (algo que, a su juicio, han hecho y hacen los grandes medios de comunicación, renunciando así a su estatus de cuarto poder).


Daniel Brühl y Benedict Cumberbatch protagonizan 'El quinto poder' (Tripictures/Dreamworks).

Aquel acto de osadía, junto a su polémica personalidad, le granjeó muchas enemistades, y no solo gubernamentales. Entre ellas, la de su socio y compañero impulsor de la web, Daniel Domscheit-Berg. La "amistad" de ambos quedó truncada finalmente tras el escándalo de los documentos del Pentágono, papeles que salieron a la luz pública en medios como The Guardian, New York Times y Der-Spiegel, publicándose un año más tarde íntegramente en la web, y que hicieron retumbar los cimientos de la diplomacia mundial.

Daniel consideró aquello una corrupción de la esencia del proyecto, puesto que al no editar la información muchas de las fuentes citadas en los escritos clasificados quedaron al descubierto, poniendo en serio riesgo la vida de los informadores. Con posterioridad a los acontecimientos publicó Inside WikiLeaks: My Time With Julian Assange At The World’s Most Dangerous Website, muy crítico con el modo de trabajar y la persona del australiano.

El equipo de Wikileaks iba más allá de Julian Assange (Tripictures/Dreamworks).

Basándose en este libro, Dreamworks y el cineasta Bill Condon (saga Crepúsculo, Kinsey, Dreamgirls) han rodado El Quinto Poder, la película que hace un acercamiento a todo el caso Wikileaks y especialmente a la figura del polémico Assange, un personaje que se nos presenta solitario, agresivo, narcisista, prepotente y con tendencia al egocentrismo. Cualidades interpretadas magistralmente por Benedict Cumberbatch (El Topo, Doce años de esclavitud, Expiación).

El actor londinense clava a la perfección este registro. En un ejercicio metódico, el inglés se mete en la piel de su personaje imitando los rasgos de la voz y el aspecto físico, cuidando hasta el más mínimo detalle; factores a los que se suma una química especial con Daniel Brühl, (Malditos Bastardos, Good bye Lenin, Feliz Navidad), que da vida al otro protagonista de la historia y autor del díscolo libro. El mismo Assange ha aplaudido la actuación de Cumberbatch, si bien ha tildado de "mala" la película, al considerar que "está basada en un libro engañoso de alguien que quiere vengarse de mí y de mi organización", una crítica que se refleja en una parte importante del filme.

Acompañando a la terna de protagonistas, aparecen secundarios de lujo como Stanley Tucci (El Caso Slevin, La Gran Estafa), Alicia Vikander (Un Asunto Real), David Thewlis (El Reino de los Cielos, Siete años en el Tibet) o Laura Linney (El Show de Truman, Mystic River). Actores con fuerte presencia en pantalla, algo que se agradece y que ensalza aun más las interpretaciones del dúo Cumberbatch-Brühl.


Sólido Guión

Cierto es que Assange sale bastante mal parado. Probablemente la visión y el acercamiento que se hace a la figura del fundador de Wikileaks sea sesgada y en cierta medida, manipulada. No lo sé. Lo que sí es verdad es que el guión de la película, que al fin y al cabo es eso, ficción basada en hechos reales, es sólido y condensa de forma más que aceptable una historia compleja, con mucho volumen de información y aun sigue en el candelero informativo, hecho que la ha valido el calificativo de oportunista.


Respecto a esos comentarios, Condon ha insistido una y otra vez que lo que cuenta no es un documental, ni mucho menos un biopic. "Con los acontecimientos aún en desarrollo, esta película no intenta ofrecer una conclusión sobre el tema. En vez de eso nos propusimos crear un drama que explora los retos de la transparencia y que, esperamos, avive y enriquezca las conversaciones que ha provocado Wikileaks"

Una película que podríamos catalogar de trhiller con grandes dosis de suspense y trazas dramáticas. A pesar de su duración (más de dos horas) está plagada de escenas vertiginosas y veloces movimientos de cámara. Una rapidez que pone de relieve las cualidades de la era tecnológica. Esos continuos saltos de espacio-tiempo y flashback a los que se suman una narración in media res, es un valor añadido a este buen guión pero que al espectador medio puede confundir y hacerle perder el hilo de la trama.


¿Amigo o enemigo?

Está preparada la humanidad para conocer realmente la verdad?.  Se da por hecho que la prensa es el cuarto poder fáctico, controlador de los desmanes de los otros tres (ejecutivo, legislativo y judicial). El cuarto poder (Richard Brooks) o Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula) son ejemplos cinematográficos de esta realidad. Sin embargo, grupos de presión y distintas élites han ido copando el organigrama de mastodónticas redacciones (El Dilema), que paulatinamente -por intereses de toda índole- se han ido plegando a los objetivos del poder político y económico.

A los ojos de la opinión pública, esto ha derivado en una visión negativa del periodismo y del periodista, visto como un sujeto manipulable y manipulador (El Gran Carnaval). Para más inri, la crisis económica se ha llevado por delante muchos de los recursos de la buena prensa, en particular, el periodismo de investigación (Corredor sin retorno). Esto se pone de manifiesto en el filme y viene a justificar la aparición de un nueva forma de informar, apoyado por las cualidades y características que ofrece el mundo virtual.

La química entre Cumberbatch y Brühl se hace patente a lo largo de la película (Tripictures/Dreamworks).

Por ello es inevitable formularse preguntas acerca de si casos como el de Julian Asange y Wikileaks son buenos o malos; si personas como el australiano han de ser consideradas amigas o enemigas de los periodistas. Los detractores dirán que el australiano, en un ejercicio de irresponsabilidad, puso en peligro con estas filtraciones las relaciones internacionales y la seguridad de los países, amén de las vidas de muchos de los informadores. Para otros, como sucedió con The Guardian (previa edición y contraste), Wikileaks surgió como una potente fuente informativa que descubría los entresijos de una política cada vez más corrompida, dejando al descubierto actos reprobables de gobiernos teóricamente democráticos.

Esta dicotomía se traslada a la película de Bill Condon de forma más que correcta, poniendo sobre el tapete ambas formas de entender el periodismo. Con gran acierto y las cartas sobre la mesa, el realizador deja finalmente que sea el espectador quien juzgue los acontecimientos, tomando este servidor la postura de The Guardian como la correcta y acertada.

Ficha Técnica


Título original: The Fifth Estate

Género: Drama / Periodismo / Thriller / Hechos reales / Suspense

Año: 2013

Duración: 124 min.

País: Estados Unidos 

Director: Bill Condon

Guión: Josh Singer (Libro: Daniel Domscheit-Berg, Luke Harding, David Leigh)

Música: Carter Burwell

Fotografía: Tobias A. Schliessler

Reparto: Benedict Cumberbatch, Daniel Brühl, Carice Van Houten, Laura Linney, Stanley Tucci, Alicia Vikander, David Thewlis, Anthony Mackie, Peter Capaldi, Dan Stevens

Puntuación: 8/10

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