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martes, 24 de enero de 2023

'Decision to leave': Elegancia coreana en la niebla de la obsesión

Hae-Joon (Park Hae-II) es un veterano detective, el mejor en lo suyo, que investiga la extraña muerte de un hombre en la cima de una montaña. Parece un suicidio o, al menos, todo a punta a ello, pero su olfato le dice que no, que eso sería cerrar el caso en falso.

Siguiendo la rutina habitual, el policía toma declaración a Sore, la mujer del difunto (Tang Wei). Sospecha de ella, de su aparente fragilidad. Algo parece ocultar. Dudas que crecen de forma paralela a la atracción que siente por ella. ¿Pobre mujer o una casualidad sin mas? Una fascinación que va más allá de lo físico, de lo emocional, que empieza a nublar su buen juicio y a desestabilizar la que parecía una vida perfecta.

martes, 17 de enero de 2023

'Babylon:' Damien Chazelle y su carta de amor al cine. Una de las películas del año

Reconozco que hay pocas sensaciones iguales a sentarte en una sala de cine, esperar a que las luces se apaguen y la pantalla te transporte a otros países, a ser el testigo de otras vidas, de aventuras, comedias o dramas. De viajar en el tiempo a otras épocas que, aunque hayas leído sobre ellas, no tenías imágenes, salvo las que crea la mente a través de la imaginación. Siempre estaré en deuda con los hermanos Lumiere, inventores del cinematógrafo, por ser la vela que encendió otras velas, aquellas de genios como Chaplin, Wilder, Scorsese y tantos otros que nos han dado horas y horas de disfrute.

Uno de esos cirios creativos y genuinos pertenece a Damien Chazelle. Un tipo capaz de sorprender a crítica y público con Whiplash, de confirmarse como un gran director recuperando y reverdeciendo un género como el del musical a través de La La Land o llevándonos a la luna en First Man, más de 100 años después de que, otro genio como George Melies, nos indicase que el camino más corto y seguro para conocer el satélite lunar era a través de una cámara cinematográfica. Pues bien, ahora, el director de Providence se permite el lujo de engordar su ya meteórica carrera con una carta de amor a su profesión, aquella que, vistas sus películas, podemos decir que le corre por las venas, a un arte para el que ha nacido: el cine. 

Babylon es una maravilla. Ya desde su prodigioso prólogo en el que te prepara para todo el torrente que te va a arrastrar a continuación durante algo más de tres horas. La radiografía que Chazelle realiza a los años 20 en la industria de Hollywood es impecable. Sus excesos, sus fiestas, orgías, frenesí, toda esa montaña rusa que llevaba a los que formaban parte de, como dicen sus protagonistas: El lugar más mágico del mundo.

miércoles, 4 de enero de 2023

'Operación Fortune: El gran engaño': Guy Ritchie en piloto automático y a punto de abortar misión

Dejo dicho de primeras que me gusta Guy Ritchie. Matizo: el de Lock & Stock, Snatch, Sherlock Holmes, Operación U.N.C.L.E. y The Gentlemen. Esta última, de hecho, fue mi última y grata experiencia con el británico. Una sensación que, por el contrario, no me ha despertado Operación Fortune: El gran engaño

Y eso que había mimbres, a priori, para un buen producto. Al menos el reclamo es inmejorable. A saber, que el agente del MI6, Orson Fortune (Jason Statham), enrola en su equipo a una de las estrellas de cine del momento en Hollywood (Josh Harnett), para que los ayude en una misión encubierta para abortar la venta de tecnología de última generación, capaz de manejar el resto de máquinas y convertirse en una suerte de Skynet elevada al cubo, que ha sido robada de un almacén no tan secreto.

El intermediario de esta venta es el multimillonario y filántropo Greg Simmonds (Hugh Grant), cuya única religión es la del Dios del dinero y, para adorarle, el fin justifica los medios. Y los postores a hacerse con esta Caja de Pandora son unos cuantos tipos de dudosa moralidad.

martes, 3 de enero de 2023

'Living': El sentido de la vida es vivirla

Suena el despertador, comienza un nuevo día; te levantas; si acaso, desayunas; te acicalas; coges el transporte para ir a trabajar; buenos días a esas caras conocidas, como algo automático; a veces, ni eso. Comes; llega la tarde; sales del trabajo, alguna actividad complementaria (y ni eso, en ocasiones); cenas, te duermes y vuelta a empezar.

¡Qué anodino! ¡Qué triste!. Desgraciadamente es el día a día de muchos, en esa especie de piloto automático. Ni siquiera somos conscientes de la respiración. Es algo involuntario que se hace por no morir, cuando en verdad se está muerto en vida. Los zombies existen, sí.

De repente un día te das cuenta de que el reloj se apaga, tiene fecha de caducidad. Vas a morir y tu vida se ha esfumado. ¿Qué has hecho? Absolutamente nada. Una pobre existencia y similar legado. Pero eso puede cambiar. Cada segundo, minuto, hora y día es una aventura; o puede serlo. Ese es el propósito de la vida, vivirla como venga, sin más. Aceptar los momentos anodinos y transformarlos en odiseas hacia ningún lugar en particular. Empezando, por ejemplo, por ser consciente de la respiración. Un gesto tan básico y que significa todo. Nota como entra y sale el aire de tu cuerpo y date cuenta de que estás vivo y el tiempo es relativo.


Como le sucede a Bill Nighy en Living, remake de 'Vivir' de Akira Kurosawa, dirigido por Oliver Hermanus. Una película pesimista y vitalista por igual, que navega entre ambas orillas, donde el protagonismo recae en el señor Williams, que podríamos ser cualquiera. Un funcionario del Londres de los años 50 que deseó serlo desde niño (quién narices tiene este sueño de infancia). Un tipo hierático, enjuto, insustancial, que vaga como alma en pena en una triste existencia, viudo y con un hijo que sigue los mismos pasos, con el cual es incapaz de comunicarse, regalando una escena, a modo de pastel de carne amargo, que ejemplifica toda esta aflicción.