Un actor, Gyllenhaal, pausado, a veces taciturno. Está como a la espera. Sus personajes suelen ser tipos en una calma tensa. Como esos embalses que contienen agua calmada hasta que abren sus compuertas, y dejan salir un torrente que arrasa con todo. En este caso emociones: rabia, felicidad, frustración, amor o todo junto.
Algo así pasa también con Demolición, dirigida por Jean-Marc Vallée, responsable de otros trabajos a tener en cuenta como la enigmática Café de Flore o la oscarizada Dallas Buyers Club. Dos películas con las que Demolición guarda algunos paralelismos.
