Hoy me atrevería a decir, que a lo largo de la historia del cine, el género de aventuras ha sido el que siempre ha enamorado al gran público. Precisamente por eso, porque narra historias de héroes y villanos, romances que se sobreponen a cualquier vicisitud; leyendas, mitos y realidades; acción a raudales; luchas a vida o muerte; valores como la amistad o la lealtad... ¡Incluso comedia!
En fin, que cabe todo. Pero lo que está por encima de lo anterior, sin duda, es el entretenimiento. Porque este género, bien ejecutado, logra poner en reposo - o 'stand by', si queremos pecar de sofisticación- al cerebro, y meternos por unas horas en la piel de valerosos personajes. Hay quien incluso se puede identificar con el malo malísimo, que para gustos...
Si bien no pasará a la historia del celuloide -o sí, que cada uno la juzgue como quiera-, lo cierto es que La ciudad perdida, último trabajo de Aaron Nee y Adam Nee, evoca a todos y cada uno de los elementos escritos más arriba. Es verdad que con lo justo, pero al menos consigue armonizarlos, pues no hay ningún exceso que reprochar, siempre y cuando tus exigencias no sean demasiado académicas.
