John Ford, que estás en los cielos. Si hay que hablar de uno de los directores más legendarios de la historia de Hollywod, Ford se llevaría la palma. Desde La diligencia, a Las uvas del a ira, Fort Apache, Pasión de los fuertes, El delator, El hombre que mató a Liberty Valance, El hombre tranquilo, El sargento negro, La batalla de Midway, María Estuardo, El precio de la gloria... En fin, podría estar horas recopilando clásicos del cine de siempre.
Bélicas, dramas, western... También cualquier género que caía en manos de John Ford se convertía en oro. Siempre con un trasfondo moral y ético, ensalzando por encima de todas las cosas ideales como la justicia, la tolerancia o el respeto, frente al racismo y el puritanismo de la sociedad del siglo XX, anclada en ocasiones en el XIX. Incluso cuando se aproximaba a la comedia dramática, estos valores siempre estaban presentes, como es el caso de El sol siempre brilla en Kentucky (1953), que a pesar de su tono socarrón y hasta por momentos bobalicón, bebe una de sus obras maestras como El joven Lincoln.

