¿Quién no ha deseado en algún momento volver al pasado para no cometer ciertos errores? Si lo hubiese sabido, no lo hubiese hecho. Una frase sencilla que todos, en algún momento de nuestras vidas, habremos reflexionado o pronunciado en alto. Sin embargo, si la vida nos concediese una segunda oportunidad: ¿la aprovecharíamos o daríamos validez a esa aseveración que dice que somos el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra?
Cuestiones filosóficas aparte, en segundas oportunidades y en viajes en el tiempo estaría pensando el bueno de Francis Ford Coppola a mediados de los ochenta, cuando dirigió Peggy Sue se casó. La historia de Peggy Sue -Kathleen Turner-, una mujer de mediana edad que no está atravesando su mejor momento. Casada con su novio del instituto, Charlie -Nicolas Cage-, con un matrimonio que hace aguas y una vida insustancial e infeliz. En la fiesta del veinticinco aniversario de su graduación, Peggy Sue sufre un mareo, se desmaya y misteriosamente despierta 25 años antes, en su época de estudiante. Ante esta nueva oportunidad que se le presenta: ¿cambiará alguna de las decisiones que tomó cuando era más joven?
