No voy a descubrir la figura de Orson Welles, fundamental en la historia de la radio y del cine. Revolucionó a su manera ambos medios y puede considerarse como una de las personalidades más carismáticas del siglo XX. Su genio e ingenio siempre fueron uno o dos pasos por delante que el de sus contemporáneos y aún hoy sigue siendo un referente a todos los niveles artísticos.
Sin embargo Welles, como todos, tenía sus propios fantasmas. El director dejó en su filmografía pequeñas píldoras de aquello que le atormentó: la traición, la soledad y la mentira disfrazada de verdad. Como un ilusionista, Welles era capaz de llevarte por un camino de evidencia para luego, con su barita, girar 180 grados y dejarte totalmente boquiabierto en un cambio inesperado.
Sin embargo Welles, como todos, tenía sus propios fantasmas. El director dejó en su filmografía pequeñas píldoras de aquello que le atormentó: la traición, la soledad y la mentira disfrazada de verdad. Como un ilusionista, Welles era capaz de llevarte por un camino de evidencia para luego, con su barita, girar 180 grados y dejarte totalmente boquiabierto en un cambio inesperado.

