No veía a Adam McKay desde El vicio del poder (aún no me ha dado por Succession y está entre las pendientes), y confieso que le tenía ganas a No mires arriba. El director de trabajos como El reportero, Los otros dos o La gran apuesta es un cronista de su tiempo, que tratar de arrojar luz y destripar a los mecanismos de poder de la sociedad desde la crítica satírica. Pero en esta ocasión se ha pasado de listo.
Y es que en Don't Look Up (título original disponible en Netflix), McKay deforma la realidad hasta el paroxismo, dibujando una grotesca y tragicómica película sobre el fin del mundo plagado, eso sí, de estrellas del celuloide.