¿Se puede hacer chanza y sátira sobre episodios tan negros de la historia como el Nazismo? Pues sí, es posible y además necesario. Ahí están los ejemplos de El gran dictador (Charles Chaplin, 1940), Ser o no ser (Ernst Lubitsch, 1942), Underground (Emir Kusturica, 1995), La vida es bella (Roberto Benigni, 1997) o El tren de la vida (Radu Mihaileanu, 1998), por citar solo algunas.
Películas que toman prestados discursos basados en el odio, aparentemente fuertes, y a través del humor logran descoserlos hasta descubrir que en el odio solo hay miseria y basura humana e intelectual. Un esperpento como del que hablaba Valle Inclán en Luces de Bohemia.
Películas que toman prestados discursos basados en el odio, aparentemente fuertes, y a través del humor logran descoserlos hasta descubrir que en el odio solo hay miseria y basura humana e intelectual. Un esperpento como del que hablaba Valle Inclán en Luces de Bohemia.

