¿Es posible que una película tenga todos esos atributos? ¿Se pueden condensar en menos de dos horas tantas emociones? Pues sí. O al menos Martin McDonagh lo ha hecho posible en su tercer largometraje: Tres anuncios en las afueras.
Después de rodar auténticas pasadas como Escondidos en Brujas -vaya trío el que formaban Colin Farrell, Brendan Gleeson y Ralph Fiennes allá por 2008- o Siete psicópatas en 2012, con el secuestro de un perro más divertido de la historia- el cineasta británico da un pasito más, y en su tercer trabajo se saca de la manga una suerte de western urbano, donde hay mucho Coen, mucho Sheridan y planos del mismísimo John Ford; a una comedia con diálogos brutales que firmarían hoy, ya mismo, Tarantino o el mejor Guy Ritchie de sus comienzos. Y si por si no tenemos bastante, introduce un componente dramático y dosis del mejor thriller que terminan de completar una obra brillante.
