martes, 25 de agosto de 2020

'El 7º día': Carlos Saura retrata el Puerto Hurraco de aquel criminal 26 de agosto de 1990

"Dicen que Dios creó el mundo en seis días y al séptimo, descansó. Por eso a veces, las cosas más horribles pasan en domingo, mientras Dios duerme". El domingo 26 de agosto de 1990 está grabado a fuego en la memoria de España. Décadas de rencillas entre dos familias, los Izquierdo (conocidos como 'Los Pataspelás') y los Cabanillas (conocidos como 'Los Amadeo'), se saldaron con una masacre casi televisada y que hoy, treinta años después, sigue dejando helado a cualquiera. Al menos al que esto escribe. 

Puerto Hurraco, pedanía del municipio de Benquerencia de la Serena, ubicado en Badajoz (Extremadura), se teñía de sangre la tarde de aquel fatídico domingo, cuando los hermanos Antonio y Domingo Izquierdo partían de la localidad de Monterrubio de la Serena, rumbo a Puerto Hurraco, con el objetivo de "cazar tórtolas". El resultado de aquella 'batida': nueve personas asesinadas y otras doce heridas. Vidas destrozadas y una historia que no hay que olvidar, para que nunca vuelva a repetirse. 

El origen de la venganza, su preparación y fatídico final fue objeto desde entonces, de numerosos programas radiofónicos y televisivos. También, la excusa perfecta para que Carlos Saura, en 2004, llevará al cine esta página negra (y única, por fortuna) de nuestra historia, con El 7ª día

Y como aquí hablamos de séptimo arte, dejamos a un lado la realidad, para abordar una obra que se toma ciertas licencias (como el cambio de nombres y apellidos), pero cuyo resultado es de notable, a pesar de las injustas críticas del socialista Juan Carlos Rodríguez Ibarra, presidente entonces de Extremadura, que acusó a Saura de manchar el nombre de la comarca. Algo que ni por asomo hace el director, que solo retrata el infierno que se desató sobre el municipio. 

El hilo conductor es la memoria de Isabel Jiménez (Yohana Cobo), que recuerda como todo arranca por una disputa de lindes en los años cincuenta. Más tarde, allá por los setenta, su tío (Juan Sanz) fue asesinado por Jerónimo Fuentes (Ramón Fontseré), por abandonar a su hermana Luciana (Victoria Abril), con quien mantenía una relación en los setenta. Algo parecido a la tragedia de Romeo y Julieta.

Ya en 1984, en otro episodio más sombrío, la casa de los Fuentes fue quemada, con la matriarca de estos en el interior. Éstos culparon entonces a los Jiménez y a todo el pueblo, y abandonaron Puerto Hurraco, ubicándose en Monterrubio de la Serena

Durante años, las hermanas Fuentes (Izquierdo en la realidad), principalmente Luciana, fueron insuflando el veneno del odio en sus hermanos: Antonio y Domingo (Juan Diego y José Luis Gómez), hablando del exilio al que fueron forzados por el resto de vecinos, además de todos los episodios en el que el honor de la familia fue mancillado. Un rencor que van rumiando, calando hasta los huesos.

A fuego lento se va cocinando pues la venganza, en una especie de olla a presión, que estalla en la tarde del domingo, 26 de agosto de 1990. Antonio y Domingo, armados con su escopeta de caza y la canana cargada de cartuchos de doce milímetros, actúan de ángeles exterminadores, carentes de cualquier piedad, arrasando el pueblo y segando las vidas de sus vecinos.

Un verano en el que Isabel, la narradora, se encontraba junto a sus hermanas y sus padres (José García y Eulalia Ramón) en la pedanía, tratando de averiguar por su cuenta el origen del mal al que se ve avocada a enfrentarse cara a cara.

La España profunda y primitiva

¿Qué lleva a un hombre a cometer un acto de venganza tan descarnado? Entre el germen de las disputas entre ambas familias y la violenta resolución del conflicto, Carlos Saura, con guión de Ray Loriga, hace una suerte de radiografía sobre aspectos tan ancestrales del ser humano como el odio, la rabia las envidias y, finalmente, esa vendetta. Una especie de tratado de esa España profunda, primitiva e indómita, donde la humanidad va perdiendo un terreno que gana el hombre salvaje, desposeído de cualquier moral o ética.

Saura juega muy bien con los antagonismos, mostrando a las pequeñas Jiménez o al 'tonto del pueblo' (Carlos Hipólito) con una inocencia inmaculada; frente a los Fuentes, más sombríos, taciturnos y con los ojos inyectados en cólera. De hecho, son varios los momentos en los que ambas familias se cruzan en el pueblo. Una mezcla de miradas retadoras, algunas terroríficas, donde se palpa esa tensión y que va dejando pequeñas huellas hacia el desgraciado y terrorífico final.

Me resulta muy interesante en este punto el repertorio cromático de Saura, con tonos claros y oscuros para retratar a víctimas y verdugos. Como una especie de cuadro goyesco, más propio de las pinturas negras, con unos hombres y mujeres que parecen salidos del averno, para masacrar a las criaturas del Paraíso.

Y es que el director aragonés ha sido un gran analista de la cultura popular española, sus fiestas y el carácter hispánico, único en el mundo, con historias como Ay Carmela, Cría cuervos o Carmen, donde plasma con su cámara esa tradición patria.

En el caso de El 7ª día, Carlos Saura juega también con elementos tan nuestros como la Guardia Civil o la idiosincrasia de los pueblos de interior, donde se dan variopintos personajes como 'el tonto', la ligera de cascos, el chismorreo y el que dirán, o esos bares, centros de culto y de encuentro de esa España de la calle. La España rural que salía a la puerta a tomar el fresco, ajena a cualquier amenaza o alimaña.

Todo con una carga simbólica y con alguna licencia, como esos Juegos de Barcelona que ven en televisión los parroquianos, cuando Carlos Hipólito da el aviso de los lobos y la inocencia de las niñas está a punto de pasar a mejor vida. Sí, del 90 al 92 van dos años, pero no pasa nada. 

El cineasta oscense tiene la suerte, además, de contar con la música de Roque Baños, que capta esa brutalidad y crueldad humana, que sale a flote impulsada por la rabia. Los minutos de la matanza son realmente bárbaros, con esa banda sonora de fondo. Pero además, el agreste paisaje sobre el que se mueven los personajes y el calor salvaje del verano extremeño, extrapolable a toda la meseta peninsular, ponen la guinda para retratar a esa España ancestral, que a veces nos golpea en forma de crímenes execrables.

Un reparto de garantías

Queda claro que la matanza de Puerto Hurraco tenía los ingredientes perfectos para originar una película como El 7ª día. Los personajes y sus cuitas son lo suficientemente atractivos (entiéndase el calificativo), para desarrollar una historia a la altura de las realidad. En líneas generales, el reparto bajo las órdenes de Saura, es de garantías.

Empezando por Yohana Cobo, como la narradora de toda la toma. Quizá me sobre sus historia personal y sus despertar sexual veraniego, pues lo realmente interesante son las cuentas pendientes entre ambas familias. Y aquí Victoria Abril está arrolladora. Una interpretación descomunal, junto a Ana Wagener, dando vida a esas enlutadas hermanas Fuentes marcadas por el rencor.

Llevan tras de sí el color de la muerte, que tiñe el alma de unos hermanos interpretados magistralmente por Juan Diego y José Luis Gómez, al que recomiendo ver en Remando al viento. Primitivos, salvajes, oscos, carentes de compasión o cualquier atisbo de olvido a las rencillas. No entienden otro lenguaje que el del ojo por ojo, ajustar las cuentas con aquellos que les echaron de Puerto Hurraco. Una sangre fría que vemos a lo largo de la película. 

En el otro extremo, José García, dando vida al progenitor de las hermanas Jiménez, capaz de comedias como La bici de Ghislain Lambert o El Embolao, y auténticos dramas como éste. Si bien aquí podría haber dado un poco más de él. 

Una amplia gama de secundarios, como Antonio de la Torre, Ramón Fontseré, Mariano Peña, Eulalia Ramón, Oriol Vila o Elia Galera completan este elenco, sobre el que Saura deja todo el peso de una historia que, treinta años después, sigue asombrando como una de las páginas más oscuras de la España moderna.


Ficha Técnica

Título original: El 7º día (El séptimo día)

Año: 2004

Duración: 106 min.

Género: Hechos Reales / Drama / Familia / Crimen / Venganza

País: España España

Dirección: Carlos Saura

Guion: Ray Loriga

Música: Roque Baños

Fotografía: François Lartigue

Reparto: Yohana Cobo, José García, Juan Diego, José Luis Gómez, Victoria Abril, Ramón Fontserè, Eulalia Ramón, Carlos Hipólito, Ana Wagener, Mariano Peña, Oriol Vila, Juan Sanz, Elia Galera, Carlos Kaniowsky, Antonio de la Torre

Premios: 2004: Premios Goya: 4 nominaciones incluyendo mejor director

                2004: Festival de Montreal: Mejor director

Puntuación: 8/10

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