domingo, 30 de septiembre de 2018

'El reino': El lienzo de la corrupción, por Rodrigo Sorogoyen

Gurtel, los ERE de Andalucía, Brugal, Púnica, Enredadera, el 3% en Cataluña.... Y hace décadas: Filesa, Malesa, los huérfanos de la Guardia Civil... No son pocos los escándalos de corrupción con los que hemos amanecido los españoles en estos más de cuarenta años de democracia. Quizá tengamos la sensación de que en el siglo XXI, nuestro sistema está más podrido que nunca. Pero no. Desgraciadamente el poder corrompe y si ahora sentimos que nuestros políticos son más corruptos que antes, es porque la información -o desinformación- está a golpe de un clic, fácil y accesible para todos.


Ahora bien. ¿La corrupción es solo cosa de los políticos? ¿O por el contrario todos tenemos un corrupto dentro que está a la espera de salir con un poco de poder al alcance? Realmente, ¿qué es lo que nos jode de la corrupción? ¿Que en realidad el político puede robar diez y nosotros nos conformamos al 'con IVA o sin IVA? ¿Y qué pasa cuando todas esas corruptelas salen a la luz, el político queda desnudado de poder y se convierte en un ciudadanos más, pero marcado? Pues todas esas preguntas surgen y algunas de ellas se responden en El reino, dirigida por Rodrigo Sorogoyen, responsable de maravillas como Stockholm y Que Dios nos perdone, que también firma el guión con Isabel Peña

Sorogoyen sigue con su particular radiografía de la sociedad española. En esta ocasión, el director español da un paso más y hace un análisis entero desde el punto de vista de los políticos y las famosas cloacas del Estado, tan de actualidad ahora mismo. Es decir, de los que ordenan y mandan. Y de nuevo deja en Antonio de la Torre el peso principal de toda la película. Un acierto, porque De la Torre, como siempre, está descomunal en la piel de Manuel.

"En España se premia todo lo malo"

"En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo", decía el maestro Ramón María del Valle Inclán. Y en síntesis, su sabiduría se evidencia en Manuel, el típico político afiliado a un determinado partido, que no ha dado un palo al agua en su vida. No conoce el esfuerzo, el mérito o la vida más allá de un partido político -mirad al Congreso o a vuestros ayuntamientos y veréis ejemplos reales del Manuel de turno-.

Antonio de la Torre y Luís Zahera (Foto: Julio Vergne).

Pero Manuel es oportunista, manipulador, soberbio y tiene las cosas claras. Suficiente para prosperar en política y convertirse en una pieza fundamental del sistema. Por encima tiene a peces gordos como Frías- gran Josep María Pou- o La Ceballos -magnífica Ana Wagener-, también parte podrida de la cesta. Pero una cesta que vive a todo trapo, opulenta, de restaurantes caros, placeres millonarios, seda italiana y mucha chulería propia de quien se cree intocable.

Mientras todos callan, las cuentas en Suiza están cubiertas y las mordidas a proyectos europeos siguen a la orden del día, toda la maquinaria sigue engrasada, no faltan los lujos y el sistema funciona. Ahora bien, cuando se producen las filtraciones y la presa no resiste la cantidad de mierda que contamina la democracia, entonces viene los problemas. Manuel es señalado. Expulsado de El reino. Un apestado que sin embargo no quiere caer solo y emprende una batalla por desenmascarar a todos los corruptos.

Nacho Fresneda y Josep María Pou (Foto: Julio Vergne).

Con un ritmo frenético desde el principio, El reino engancha -espectacular plano secuencia para ir abriendo boca y presentarnos a toda la tropa de corruptos-. Su historia, tan asquerosamente cotidiana, convence. Realidad y ficción casan perfectamente en la película de Sorogoyen, plagada de personajes muy elaborados. Pese a que Antonio de la Torre es el gran protagonista, aparece rodeado por impresionantes secundarios como Luis Zahera, Nacho Fresneda o Francisco Reyes. Este es uno de los fuertes del filme, que se va desenvolviendo correctamente hasta los compases finales.

Es ahí, en la última media hora, donde El reino se embarra y se va de madre. Deja a un lado todo lo bueno del principio y llega a ser incluso tramposa en algunas de sus conclusiones. Porque Sorogoyen no solo señala a los políticos en toda esta maquinaria corrupta. También al ciudadano de a pie y a los medios de comunicación que contribuyen a sostener ese reino putrefacto.

Bárbara Lennie y Antonio de la Torre (Foto: Julio Vergne).

En mayor o menor medida, todos somos parte del problema, y también de la solución. Tenemos un hueco en ese cuadro pintado por Sorogoyen. Y estoy de acuerdo. Sin embargo, esto se aborda de refilón y se cierra con un final muy precipitado, incluso sesgado, que no está a la altura de todo lo anterior. En definitiva, una última media hora para olvidar donde se pierde todo el potencial previo -también Bárbara Lennie-.

Uno de los nuestros

Los partidos políticos, a la vista de El reino, funcionan como una organización criminal donde la omertá es fundamental. Mientras cumplas esta máxima, sigues siendo uno de los nuestros. El partido cuida de ti si tú cuidas de él. Si no es así, estás perdido.

Es más o menos lo que le ocurre a Manuel. Vive en sus carnes los placeres y desgracias del poder. Auge y caída de un político expulsado del paraíso que está dispuesto a todo por no hundirse solo y arrastrar a los demás. Es difícil no juzgar al personaje de Antonio de la Torre. Causa rechazo, como toda esa clase política que vive a lo grande de la cosa pública -que sí tiene dueño, por mucho que diga la "excelsa" Carmen Calvo-. Pero también se nos muestra la soledad que experimenta cuando queda señalado. Cuando es desposeído de todo lo que era y se ve obligado casi a la marginación social. Quizá los momentos más dramáticos de la película.

Ana Wagener y Francisco Reyes son la élite de el partido de 'El reino' (Foto: Julio Vergne).

También su paranoia, cual Ray Liotta en, curiosamente, Uno de los nuestros. Manuel es una montaña rusa de emociones que también vamos experimentando con él, mal que nos pese. Sorogoyen logra hacernos partícipes de lo que un día sí y otro también vemos en las noticias. Experimentamos la miel y a la vez la mierda que rodea al poder al que, por mucho que lo neguemos, aspiramos todos.

Si no fuera por esa última media hora, El reino sería más que una película notable. Tiene todo. Buenos personajes, reparto, intriga, ritmo. Pero su embarullado desenlace la hace cojear. Y aún así consigue hacer reflexionar, que eso ya es digno de aplaudir. Quitando esa última parte, el lienzo que dibuja Sorogoyen es magnífico, para vergüenza de todos -sí, todos- los que formamos parte de una sociedad corrompida desde la cúpula hasta sus cimientos.




Ficha Técnica


Título original: El reino

Año: 2018

Duración: 122 min.

Género: Thriller / Política

País: España España

Dirección: Rodrigo Sorogoyen

Guion: Isabel Peña, Rodrigo Sorogoyen

Música: Olivier Arson

Fotografía: Álex de Pablo

Reparto: Antonio de la Torre, Mónica López, Josep Maria Pou, Nacho Fresneda, Ana Wagener,  Bárbara Lennie, Luis Zahera, Francisco Reyes, María de Nati, Paco Revilla, Sonia Almarcha,  David Lorente, Andrés Lima, Óscar de la Fuente

Premios: 2018: Premios Goya: 13 nominaciones
                2018: Premios Feroz: 10 nominaciones, incluyendo Mejor película drama
                2018: Festival de San Sebastián: Sección Oficial
                2018: Festival Internacional de Toronto TIFF: Sección World Contemporary Cinema

Puntuación: 7/10

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