martes, 31 de octubre de 2023

'Los asesinos de la luna': América se forjó en el cine de Scorsese

América se forjó en las calles fue el leitmotiv con el que se promocionó Gangs of New York, de Martin Scorsese, allá por 2002. Una película que abordaba la corrupción política, la crisis social derivada de la Guerra de Secesión y, por supuesto, la lucha de las bandas criminales por hacerse con el control de la ciudad. Cinta a la que la Miramax le metió un tijeretazo de aúpa. 

Weinstein aparte, el resultado fue un film épico espectacular, tanto en lo técnico como en lo humano. Y, además, nos dejó la primera colaboración del genio neoyorquino con Leonardo DiCaprio. Después vendrían más, afortunadamente.

La última hasta la fecha: Los asesinos de la luna, una retrospectiva, una vez más, a la historia de los Estados Unidos. Una película basada en los hechos reales, que el escritor y periodista, David Grann, analiza en el libro homónimo, sobre los asesinatos selectivos que sufrió la tribu Osage en la década de 1920, para arrebatarles sus tierras ricas en petróleo. Un 'Reinado del Terror' que puso la semilla para el nacimiento del FBI.  

Un genocidio a cámara lenta

Cámara en mano, sin tijeras de por medio, Scorsese hace lo que quiere y cómo lo quiere. Pero es que encima lo hace de forma descomunal, exhibiendo de tú a tú la sangre y el genocidio que empapa la historia de los Estados Unidos. Un país ya no forjado en las calles, sino en la aniquilación de las tribus nativas, arrinconadas en reservas, abandonadas a su suerte.

Algunas de esas 'nuevas' posesiones donde fueron recluidas las tribus, resultaron estar bañadas de petróleo, cuando en principio se creían yermas. Y el hombre blanco no dudó en usurpar, una vez más, el oro negro de los nativos. Luego la fama del genocidio nos la llevamos otros.

En algunos casos, como en la Oklahoma de los Osage, el genocidio se perpetró a cámara lenta, por la vía del matrimonio, del veneno y, en ocasiones, del asesinato al más puro estilo del crimen organizado. Y todo orquestado por un mismo clan, el de William Hale, un tipo de comunidad, amigo de los indios de día, pero la siniestra parca de noche.

El Rey, como le apodaban, estaba en la cúspide de un imperio mafioso que luchaba por lo bajini por hacerse con el control de las explotaciones de petróleo, que habían convertido a los Osage en el pueblo más rico per cápita de los Estados Unidos. Hasta que el asunto se fue de las manos y entró de lleno el recién inaugurado FBI, que se enfrentaba a uno de sus primeros grandes casos.

Un año antes del estreno de la película, pude leer el libro de David Grann, más centrado en el origen de los federales a raíz de estos crímenes. Novela a la que Scorsese despoja de toda su densidad narrativa, pues de abordarla de principio a fin, daría para un serial de varias temporadas. Desgraciadamente esto hace que actores como Jesse Plemons no puedan lucirse. Sí lo hace, en cambio, un Pat Healy (Juegos sucios) que aprovecha sus minutos como el delantero que sale en el descuento y mete un gol. Gran sorpresa.

El caso es que, dejando al FBI al margen, salvo en la parte final, Martin Scorsese sirve en pantalla una película reposada; cine de otro tiempo, artesanal, cuidando cada detalle al milímetro, donde se mezcla la política, la familia, el thriller y el crimen, al más puro estilo de un director, con cuya filmografía se ha forjado la otra leyenda de América: la del dinero, la sangre y el genocidio.

Esos cenitales que derivan en plano secuencia son marca de la casa. Un sello inconfundible, como los ritmos sonoros, con los que el cineasta te hace viajar a esta siniestra década. Donde al tiempo que ofrece un espectáculo invita a reflexionar sobre los orígenes de un país, con sus luces y sombras. Una especie de expiación de los pecados capitales cometidos por el hombre blanco estadounidense. La forma de pedir perdón, de un director que vuelve a unir su destino con el de Kevin Costner. El que tenga ojos, que vea, y el que tenga cerebro, que entienda y baile con los lobos.  

Leonardo DiCaprio, Lily Gladstone y Robert De Niro

El peso de la trama recae en tres actores impresionantes en sus roles, con aportaciones secundarias, como las de Scott Shepherd, Brendan Fraser, Tatanka Means o Cara Jade Myers, dignas de tener en cuenta. Empezando por Leonardo DiCaprio, que da vida a Ernest Burkhart, un personaje simplón, que vuelve a su país de origen de la Gran Guerra a intentar prosperar. Lo hace al abrigo de su tío, el Rey Robert De Niro, impecable igualmente. 

Un DiCaprio a veces taciturno, poco espabilado y casi siempre violento, movido por la codicia del dinero, dispuesto a pagar cualquier precio por conseguirlo. Pero que incluye matices en los que vemos alguna pizca de humanidad. En el fondo ama a su esposa, aunque lo demuestre de aquella manera. Una perfecta Lily Gladstone, que domina los silencios y cuando habla el tiempo se detiene. Una actriz que echa por tierra, una vez más, ese estigma hacia los personajes femeninos con el que han intentado marcar la carrera de Scorsese.


No hay peor ciego que el que no quiere ver. Scorsese es un director femenino, sí. Y Lily Gladstone se ha unido así a la terna de las Ellen Busrtyn y Jodie Foster de Alicia ya no vive aquí, (ésta última repite en Taxie Driver); Barbara Hershey y Juliette Catton de La última tentación de Cristo; Lorraine Braco de Uno de los nuestros; Michelle Pfeiffer de La edad de la inocencia; Sharon Stone de Casino;  Patricia Arquette de Al límite; Cameron Díaz de Gangs of New York, Vera Farmiga de Infiltrados o la Margot Robbie de El lobo de Wall Strett. 

De principio a fin (y qué final), una vez más, y el tiempo lo demostrará, una película para hacer época.


Ficha Técnica

Título original: Killers of the Flower Moon

Año: 2023

Duración: 206 min.

País: Estados Unidos Estados Unidos

Género: Thriller / Hechos Reales / Crimen / Historia

Dirección: Martin Scorsese

Guion: Eric Roth, Martin Scorsese. Libro: David Grann

Reparto: Leonardo DiCaprio, Lily Gladstone, Robert De Niro, Jesse Plemons, Scott Shepherd, Brendan Fraser, Cara Jade Myers, Pat Healy, Jason Isbell, Barry Corbyn, Tatanka Means, John Lithgow, Louis Cancelmi, Tantoo Cardinal, Wally Welch, William Belleau, JaNae Collins, Michael Abbott Jr, Jillian Dion

Música: Robbie Robertson

Fotografía: Rodrigo Prieto

Puntuación: 9/10

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