Normalmente, para considerar a una película como un clásico o denominarla como obra maestra, tienen que transcurrir un par de décadas al menos. La perspectiva del tiempo es necesaria para este menester, absolutamente innecesario, por otra parte, ya que la denominación de obra maestra o clásico no tiene por qué hacer que la obra guste más o sea mejor considerada. Pero así somos, siempre calificando o con la necesidad de hacerlo.
No obstante, hay películas que son clásicos instantáneos. Y hay directores que son expertos en ello. Ethan y Joel Coen, por ejemplo, unos tipos que destilan clasicismo, a pesar de tener una particular visión del cine que se extrapola en todos sus trabajos. Desde sus primeros films, se puede observar que la manera de hacer cine que tienen estos dos hermanos es diferente a lo que hayamos visto anteriormente y, sin embargo, muchas de sus películas nos resuenan al Hollywood clásico.
Si en su debut -Sangre fácil- sorprendieron a todo el mundo, en su tercer trabajo se ganaron la admiración -la atención ya la tenían- de todo el universo cinematográfico. Porque Muerte entre las flores es una obra maestra absoluta. Una historia de gánster contada a la antigua usanza con el sello de los Coen.

