martes, 3 de enero de 2023

'Living': El sentido de la vida es vivirla

Suena el despertador, comienza un nuevo día; te levantas; si acaso, desayunas; te acicalas; coges el transporte para ir a trabajar; buenos días a esas caras conocidas, como algo automático; a veces, ni eso. Comes; llega la tarde; sales del trabajo, alguna actividad complementaria (y ni eso, en ocasiones); cenas, te duermes y vuelta a empezar.

¡Qué anodino! ¡Qué triste!. Desgraciadamente es el día a día de muchos, en esa especie de piloto automático. Ni siquiera somos conscientes de la respiración. Es algo involuntario que se hace por no morir, cuando en verdad se está muerto en vida. Los zombies existen, sí.

De repente un día te das cuenta de que el reloj se apaga, tiene fecha de caducidad. Vas a morir y tu vida se ha esfumado. ¿Qué has hecho? Absolutamente nada. Una pobre existencia y similar legado. Pero eso puede cambiar. Cada segundo, minuto, hora y día es una aventura; o puede serlo. Ese es el propósito de la vida, vivirla como venga, sin más. Aceptar los momentos anodinos y transformarlos en odiseas hacia ningún lugar en particular. Empezando, por ejemplo, por ser consciente de la respiración. Un gesto tan básico y que significa todo. Nota como entra y sale el aire de tu cuerpo y date cuenta de que estás vivo y el tiempo es relativo.


Como le sucede a Bill Nighy en Living, remake de 'Vivir' de Akira Kurosawa, dirigido por Oliver Hermanus. Una película pesimista y vitalista por igual, que navega entre ambas orillas, donde el protagonismo recae en el señor Williams, que podríamos ser cualquiera. Un funcionario del Londres de los años 50 que deseó serlo desde niño (quién narices tiene este sueño de infancia). Un tipo hierático, enjuto, insustancial, que vaga como alma en pena en una triste existencia, viudo y con un hijo que sigue los mismos pasos, con el cual es incapaz de comunicarse, regalando una escena, a modo de pastel de carne amargo, que ejemplifica toda esta aflicción.

Un día recibe la fatal noticia de que su final es inminente. La muerte está a la vuelta de la esquina y su esquema vital hasta entonces ha caído como un castillo de naipes. Solo así decide que va a aprovechar lo que le queda para darle un significado a este tiempo. Lo único, que no sabe cómo hacerlo. 

Afortunadamente, Dios siempre provee, y en su camino se topa con un enigmático escritor, que le abre las puertas a un mundo olvidado. Junto a él, su excompañera de trabajo, Margaret Harris (Aimee Lou Wood), que posee la fuerza suficiente para que Williams se empape y llene de felicidad a su entorno.


Eso que Jacques Derrida llamaba la deconstrucción

La historia se desarrolla en esa Londres devastada por la II Guerra Mundial, que empieza a levantarse de entre las ruinas. Una similitud que se da en el personaje principal de la película, el cual de la aparente negatividad de la muerte, trasciende y halla el verdadero propósito de esta vida: vivirla. 


La evolución de la devastación a la reconstrucción es evidente. Eso que Jacques Derrida llamaba deconstrucción. La regeneración de Bill Nighy viene, no solo por la aparente enfermedad, que paradójicamente sirve de revulsivo a una vida no vivida, sino también de aquellos que le rodean. Fundamentalmente, Aimee Lou Wood y Alex Sharp. Ellos tienen intacta esa chispa vital que viene de serie; nunca la perdimos y es inagotable, solo hay que recordarla. Esa que también enciende la del protagonista. Sobre todo la primera, que forma una pareja deliciosa con el veterano actor.

Un intérprete por cierto, Nighy, que está sobresaliente. Transforma un personaje insulso, carente de cualquier emoción, en otro radicalmente opuesto. Alguien 'contagioso', con una energía transformadora, simbolizada, por ejemplo, en un simple columpio. Ya no tiene nada que perder y eso le da un giro muy potente a toda la obra, como se evidencia en el vagón del tren, donde sus compañeros de trabajo parecen florecer. E igual que ocurre con las plantas, esa vitalidad hay que regarla día a día, si no marchita.


En su banda sonora encontramos otro de los fuertes del trabajo de Oliver Hermanus. Desde el principio, con la presentación de esa Londres en construcción, a un portentoso final, igual de simbólico. Aquí, música e imagen se funden en un todo casi espiritual, embriagador y reconfortante, que convierte a Living en una película para el alma y un notable punto de partida de este 2023. Un filme que va de menos a más y que deja poso con el paso de los días.

Por cierto, como apunte, no es necesario saber que se va a morir para empezar a vivir. ¡Hagámoslo ya! Esa es la única responsabilidad, con todo lo que eso conlleva. 


Ficha Técnica


Título original: Living

Año: 2022

Duración: 102 min.

Género: Drama / Enfermedad

País: Reino Unido Reino Unido 

Dirección: Oliver Hermanus

Guion: Kazuo Ishiguro, Akira Kurosawa

Música: Emilie Levienaise-Farrouch

Fotografía: Jamie Ramsay

Reparto: Bill Nighy, Aimee Lou Wood, Alex Sharp, Adrian Rawlins, Tom Burke, Hubert Burton, Zoe Boyle, Oliver Chris, Richard Cunningham, Anant Varman

Premios: 2022: Globos de Oro: Nominada a mejor actor drama (Nighy)
2022: Festival de Venecia: Sección oficial (fuera de concurso)
2022: Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor actor (Nighy)
2022: Critics Choice Awards: Nominada a mejor guion adaptado y actor (Nighy)
2022: British Independent Film Awards (BIFA): Mejor diseño de producción
2022: Satellite Awards: 4 nominaciones incl. mejor película drama y actor (Nighy)

Puntuación: 8/10



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