sábado, 7 de diciembre de 2019

'Historia de un matrimonio': Baumbach, Driver, Johansson y la maravillosa transformación del amor

Amor y odio. Odio y amor. Hay personas en nuestras vidas capaces de trazar un arco entre ambos sentimientos. Despertar pasiones, desatar la guerra o ambas cosas a la vez. Saltar de un extremo a otro. Y entre medias de ese viaje, toda una aventura donde se va dibujando nuestra experiencia de vida.

Cuando te enamoras de alguien siempre quieres creer que es la persona definitiva, con quien envejecerás y recorrerás este camino hasta el final de tus días. La idolatras, la haces una prolongación de ti. Física y emocionalmente. Y aunque en el camino haya baches, tratas de seguir adelante, de continuar contra viento y marea. Llegas a obligarte. No importan los muros.


Pero no se puede luchar eternamente contra los elementos, pese a las señales que te auguran la catástrofe. Un día, todo se acaba. Ese final suele ser sin anestesia, tremendamente doloroso, y llega a materializarse en que quien antes fue tu mayor aliado en esta vida, hoy es peor que Stalin. 

Si bien es verdad que esa conclusión sobrevenida; esa crónica de una muerte anunciada, con los mismos ingredientes, puede dar lugar también a otro origen. A veces hay que sufrir, caminar por el valle de la amargura y la aflicción para encontrar la paz y estabilidad que se creía difunta con la misma persona. Hay una transformación. Porque hay conexiones que se escapan a la lógica, aunque dé miedo admitirlo. Por eso, pese a que una relación muera, con cierto arrojo, cabe la posibilidad de que florezca otra. Opuesta a la que había, sí. Pero el amor no tiene por qué perderse. 

Scarlett Johansson y Adam Driver. Un abismo les empieza a separar.

Toda esa odisea, que quien más quien menos la ha vivido en algún momento de su existencia, es lo que Noah Baumbach ha esbozado en Historia de un matrimonio, con una pareja prodigiosa como Adam Driver y Scarlett Johansson en los papeles protagonistas. Dos exponentes de una generación magnífica de actores. Como para una generación será está película.

Él, en la piel de un talentoso director de teatro en Nueva York. Y ella como una actriz de Los Ángeles, que triunfó con su primera película y se pasó a las tablas de la Gran Manzana. Surgió el amor profesional y personal entre ambos, hijo mediante. Pero como decía al principio, todo se acaba -o se transforma- en esta vida.

El amor da paso al divorcio y de ahí a una ruptura irremediable con el hijo de ambos en medio.

Ese proceso de ruptura, de practicar el desapego y poner punto y final a una etapa para regenerar en otra, Baumbach lo plasma con una humanidad brutal. Minucioso retrato de cómo la flor del matrimonio se va marchitando hasta morir. Y el cadáver tiene dos caminos, ya digo: el de abonar una nueva vida, o simplemente pudrirse. 

El cineasta estadounidense opta por radiografiar ambos. Ofrece un juego encantador, a pesar de todo lo que despierta la trama. Y lo hace con un toque muy teatral. Repartido en actos, con puertas y telones que se abren para dar paso a personajes que van apareciendo y saliendo de las tablas filmadas por la cámara del neoyorquino.

Begin Again

Driver y Johansson, con una química espectacular, que me recordaba a Mark Ruffalo y Keira Knightley en Begin Again, pero en el otro bando, no se dejan munición en el cargador de su talento cuando el matrimonio se hace añicos. Prodigiosos los dos. A la altura de sus mejores papeles, en una suerte de clímax profesional arrebatador. Descargan toda la adrenalina en los extremos a los que son empujados sus personajes.

Scarlett Johansson y Adam Driver tienen una química excepcional.

De hecho hay una escena concreta de ambos, en pleno proceso judicial, que ya forma parte de los momentos icónicos del cine moderno. Un estallido emocional que es pura delicia artística. Y digo esta escena por escoger una de tantas simbólicas que tiene.

Es todo de una realidad tan pasmosa, produce a veces tanto dolor ver cómo se ha derrumbado lo que antaño fue un hermoso rascacielos, que paradójicamente es bella en esa factura. Al borde de más de una lágrima compartida con dos actores a los que acompañamos en este tren. A veces cabizbajos, otras eufóricos, apesadumbrados, melancólicos y viscerales. Pero siempre ellos: sin trampa ni cartón.


Laura Dern regala una brillante interpretación.

Historia de un matrimonio, pues, está ejecutada por todos de manera maravillosa. Te deja sin habla en muchos momentos. Incluso con un nudo en la garganta gracias en gran medida a sus pequeños detalles. Desde una mirada, a un corte de pelo, una mirada o simplemente atar un cordón. Es descorazonador experimentar como esas cosas, aparentemente irrisorias, son todo un universo en sí mismas. Un mundo que, pese a resistirse, está condenado a la extinción.

Los abogados, cuanto más lejos, mejor

Y el proceso de descomposición del cadáver que decía antes se hace más purulento cuando entran en liza los abogados. Fantásticos aquí Laura Dern, Ray Liotta y Alan Alda. Cada uno a su manera. Y los dos primeros, en un cara a cara extraordinario, con momentos apoteósicos.

Y el contrapunto a Laura Dern es Ray Liotta.

Laura Dern, por partes, es realmente odiosa. Tiene ese don. Pero es que Liotta no se queda atrás. Juega en paralelo. Una batalla de ambos secundarios para imprimir más valor a la película. Y el ejemplo claro de cómo a los abogados conviene tenerlos, cuanto más lejos, mejor. Incluso al bueno de Alda, todo un privilegio verle de nuevo en acción.

Los conflictos familiares de Baumbach

La anterior colaboración con Netflix de Noah Baumbach, The Meyerowitz Stories, también abordaba el conflicto de una familia. Concretamente entre hermanos y un padre, Dustin Hoffman, tremendamente narcisista. Aquella obra, en cambio, no provocaba demasiada empatía hacia sus personajes. A mi al menos. Era difícil entrar en el juego propuesto por el americano.

Alan Alda, otra generación de abogados. Más humano, menos material.

En Historia de un matrimonio, en cambio, es radicalmente opuesto. Entras de cabeza en las motivaciones de los protagonistas. Suscitan una cantidad innumerable de emociones, que te hacen entender sus postulados, aunque no creas en ellos. Les compras sus argumentos y aceptas sus motivaciones, simplemente porque el guión del director de Frances Ha vuelve a cimentarse en algo tan real, tan plausible, que solo cabe descubrirse ante un trabajo artístico conmovedor, doloroso y placentero a la vez.

Pocas veces una película logra cautivar de esa manera. En la piel de Adam Driver y Scarlett Johansson, este drama familiar desemboca en una obra de arte. Da la posibilidad de creer en todos los escenarios que se van dibujando. Nunca decae. Y constata que este 2019 es uno de los mejores años de estrenos de cine que recuerdo en mucho tiempo. Simplemente, maravillosa.


Ficha Técnica


Título original: Marriage Story

Año: 2019

Duración: 136 min.

Genero: Amor / Drama

País: Estados Unidos Estados Unidos

Dirección: Noah Baumbach

Guión: Noah Baumbach

Música: Randy Newman

Fotografía: Robbie Ryan

Reparto: Scarlett Johansson, Adam Driver, Laura Dern, Azhy Robertson, Alan Alda, Julie Hagerty, Merritt Wever, Mary Hollis Inboden, Amir Talai, Ray Liotta, Wallace Shawn, Emily Cass McDonnell, Matthew Maher, Ayden Mayeri, Kyle Bornheimer, Mark O'Brien, Gideon Glick, Brooke Bloom, Matthew Shear, George Todd McLachlan, Annie Hamilton, Juan Alfonso, Justin Claiborne, Mickey Sumner

Premios: 2019: Globos de Oro: 6 nominaciones incluyendo mejor película drama, actor y actriz
                2019: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor actriz secundaria (Laura Dern)
                2019: National Board of Review (NBR): Top 10 películas del año
                2019: Festival de Venecia: Sección oficial a competición
                2019: American Film Institute (AFI): Top 10 - Mejores películas del año
                2019: Premios Independent Spirit: 3 nominaciones, incluyendo Mejor película
                2019: Premios Gotham: Mejor película, guión, actor (Driver) y Premio del público
                2019: Satellite Awards: 8 nominaciones, incluyendo Mejor película, director y guion
                2019: British Independent Film Awards (BIFA): Nom. a Mejor película internacional

Puntuación: 10/10

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