domingo, 25 de octubre de 2020

'El síndrome de China': Dinamita nuclear

- Parece que lo que les preocupa está en la zona del nivel de agua del núcleo. No sé, quizá estuvieran a  punto de dejarlo al descubierto.

- Si eso es cierto, hemos debido estar cerca del síndrome de China.

- ¿De qué?

-Si se descubre el núcleo, por cualquier motivo, el combustible se calienta por encima de la tolerancia del núcleo en cuestión de minutos. Nada puede impedirlo, y se fundiría en vertical. Teóricamente, hasta China. Pero claro, en cuanto encontrase agua, se vertería a la atmósfera formando nubes de radioactividad. El número de muertos dependería de la dirección del viento. Pero quedaría una zona del tamaño de Pensilvania permanentemente inhabitable, aparte del cáncer que aparecería después.

El año 1979, Hollywood ya contemplaba la posibilidad de una catástrofe nuclear tras el accidente en una central. Era en El síndrome de China, dirigida por James Bridges y protagonizada por tres pesos pesados del séptimo arte, como Jane Fonda, Jack Lemmon y Michael Douglas, que además ejercía de productor, como ya hiciera cuatro años antes, con la mítica Alguien voló sobre el nido del cuco.

Jane Fonda es la popular periodista Kimberly Wells, una estrella emergente de la televisión, por sus reportajes donde se combina el componente social y el entretenimiento. Pero ella no quiere encasillarse en este cliché de atractiva periodista de variedades. Corre por sus venas esa adrenalina de la profesión, en busca siempre de la verdad y la investigación hasta el límite.

Y esa oportunidad le llega, durante el reportaje sobre el funcionamiento de una central nuclear en Pensilvania. Junto a su inseparable cámara, Richard Adams (Michael Douglas), se encuentran filmando el interior de las instalaciones. Parece un trabajo más. Algo rutinario. Pero en la sala de control, de repente, ocurre un imprevisto. Algo ha fallado en el núcleo.

Jack Godell (Jack Lemmon) es el responsable de la sala y su rostro refleja que la catástrofe es inminente. La cámara de Adams es testigo de la crisis que, por fortuna, parece haberse resuelto. La compañía explotadora de la central, a la espera de cerrar un multimillonario contrato con la administración, abre una investigación y concluye que todo se ha debido a un pequeño incidente. No hay peligro y todo sigue su curso.

Sin embargo Godell no está de acuerdo. Su lealtad no es con la empresa, sino con la humanidad, y tras una lucha interior, une sus esfuerzos con la implacable periodista y su equipo, para que la opinión pública sepa que la central nuclear no es para nada segura. Otra fuga radiactiva es más que posible y los ciudadanos norteamericanos están expuestos a una catástrofe de proporciones bíblicas.

Claro que, si la noticia salta al público, adiós al millonario contrato de la compañía. Con lo que se inicia así, un combate entre mantener en secreto el verdadero problema o que los periodistas destapen la mayor exclusiva de sus vidas. O lo que califican como: dinamita nuclear. 

El mejor reparto posible

El éxito de El síndrome de China radica en su potente historia. Un argumento donde la intriga es la verdadera adrenalina, que despierta toda la atención. Una suerte de lucha a contrarreloj, entre evitar el desastre, tapar la negligencia y sacar la exclusiva.

En la película de James Bridges se dan estos tres estadios. Una pelea a tres, al estilo el bueno, el feo y el malo, y donde no se me ocurriría mejor reparto sobre el que descansar el peso de la trama. 

Obviamente, Lemmon es el bueno, a pesar de sus dudas del principio. Pone en juego su vida, literalmente, para empujar a la compañía nuclear a que ejecute los trabajos de remodelación de la planta, tras el aviso de catástrofe. Y cómo no, Lemmon está soberbio en ese papel de héroe de la calle. Un tipo normal, sometido a una presión desorbitada, que solo quiere que triunfe el bien.

Por otro lado están Fonda y Douglas, entendidos metafóricamente como los feos. Ni que decir tiene que ambos, en plena madurez interpretativa, están irresistibles. Pero a sus personajes, al principio, les mueve únicamente el interés profesional y de ascenso personal. Cierto que lo transforman en lo que a todo buen periodista de investigación le acaba moviendo su innata condición: llegar al final de la verdad y sacarla a la luz, cueste lo que cueste, presiones editoriales mediante, atendiendo solo al valor de esta noble profesión, y no a intereses económicos. Su meta es la exclusiva y la persiguen con ahínco, hasta casi desfallecer

Además, en el caso de Fonda, está el hecho de ser una mujer entre tiburones machos alfa. Una mujer que no está dispuesta a ser florero de la cadena y arriesga todo, también, por conseguir su exclusiva. Por su parte Douglas es más idealista, logrando arrastrar a su compañera a este lado un tanto más humano, donde se ubica desde el principio Lemmon.

Y finalmente el malo, la compañía explotadora de la central nuclear, con más peso en la película a medida que la investigación se va desarrollando. 

Hay que decir que a finales de los setenta, tanto Jane Fonda como Michael Douglas vivían el apogeo de sus carreras. Es verdad que el hijo de Kirk, más en su faceta de productor, pues no sería hasta los ochenta y noventa -a mi juicio- cuando desplegó todo su potencial. Pero Fonda ya era toda una consagración. Aquí sí que de casta el viene al galgo, y en 1979 ya cosechaba dos Oscar, varias nominaciones y más de un Globo de Oro, entre otros premios.

Por su parte sobre Jack Lemmon... Qué de decir de él. Es imposible aportar algo original sobre uno de los mejores actores de la historia. Sea cual sea el género: Lemmon siempre fue extraordinario. Y en El síndrome de China, de nuevo, está descomunal.

Tres pilares fundamentales sobre los que reposa toda la carga de la película, como decía anteriormente. Con buenos secundarios como Scott Brady (Johnny Guitar, Gremlins) o Wilford Brimley (El mejor, La Cosa). En definitiva, un trabajo actoral tan redondo, que el director decidió que apenas hubiera música, para que la intriga y la tensión que viven los personajes, fuera más real. Y vaya sí lo logró.

La realidad siempre supera a la ficción

El tópico "la realidad supera a la ficción" es menos cliché si cabe en El síndrome de China. La película fue estrenada con cierta división entre público y crítica en 1979. De hecho se la llegó a acusar de inverosímil y catastrofista. Solo doce días después, la empecinada realidad quiso que tuviera lugar en Pensilvania, precisamente, el accidente de Three Mile Island, la mayor catástrofe nuclear de la historia de Estados Unidos. 

Tras esto, la taquilla se volcó en masa con la obra de James Bridges, que acabó siendo nominada a varios Oscar, Globos de Oro e incluso, a la Palma de Oro en Cannes, Festival donde Lemmon fue galardonado al mejor actor.

Y por si ún quedaban más dudas sobre el poder destructivo de la energía nuclear, si no se ataja de inmediato cualquier fuga o peligro de fusión en los reactores o no se invierte en seguridad, siete años después el mundo fue testigo del mayor accidente de la historia de la humanidad en Chernobyl. Un 26 de abril de 1986, considerado por muchos como: 'La noche del fin del mundo', y que hace apenas año y medio HBO plasmó con todo el realismo posible en la serie homónima.


Ficha Técnica

Título original: The China Syndrome

Año: 1979

Duración: 123 min.

Género: Drama / Intriga / Periodismo

País: Estados Unidos Estados Unidos

Dirección: James Bridges

Guion: Mike Gray, T.S. Cook, James Bridges

Música: Varios

Fotografía: James Crabe

Reparto: Michael Douglas, Jane Fonda, Jack Lemmon, Scott Brady, James Hampton, Peter Donat, Wilford Brimley

Premios: 1979: 4 nom. al Oscar: Actor (Lemmon), actriz (Jane Fonda), guión y dir. artística

                1979: Globos de Oro: 5 nominaciones, incluyendo mejor película - Drama

                1979: Premios BAFTA: Mejor actor (Lemmon) y mejor actriz (Fonda). 4 nominaciones

                1979: Sindicato de Directores (DGA): Nominada a Mejor director

                1979: Sindicato de Guionistas (WGA): Mejor guión original drama

                1979: Festival de Cannes: Mejor actor (Jack Lemmon)

                1979: Premios David di Donatello: Mejor actor extranjero (Jack Lemmon)

Puntuación: 8/10

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