miércoles, 24 de julio de 2019

'Érase una vez en... Hollywood': El lado más personal de Quentin Tarantino

No es noticia que Quentin Tarantino tiene intención de abandonar el cine una vez que haya rodado su décima película. Así lo ha manifestado públicamente y es de sobra conocido por sus fans y detractores. Tal vez por ello, porque el fin de una forma diferente de hacer cine se acerca, cada estreno o proyecto que gira en torno al director de Pulp Fiction se convierte en un evento mundial de proporciones colosales.


Como elemento de marketing es inmejorable. La legión de seguidores -me incluyo- de Tarantino se extiende por todos los rincones del Planeta. Y especular con su final, sentirlo ahí la lado, produce un desamparo al que habrá que enfrentarse tarde o temprano. ¿Y ahora qué? ¿Quién recogerá el testigo? ¿Qué nos quedará salvo todo lo anterior?

Porque una cosa es innegable, Quentin Tarantino es al cine lo que Caravaggio a la pintura. Un exponente, un icono, una revolución dentro del séptimo arte. Es irrefutable que su irrupción en la industria marcó un antes y un después. Son pocos los capaces de crear un universo aparte dentro de un todo. Algo independiente. Algo 'tarantiniano'. Una subcultura que nos ha marcado, con la que hemos crecido. Tanto espectadores como nuevos creadores. Es decir, un referente.

Brad Pitt es el doble de acción de Leonardo DiCaprio (Sony Pictures).

Y en eso se ha convertido gracias al cine. Siempre lo ha confesado. Desde sus primeros pasos en el videoclub a la multitud de alusiones cinematográficas que aparecen en todas sus películas. Continuamente y a la más mínima aparecen guiños a obras maestras del séptimo arte o de serie B. Incuestionable la influencia del spaghetti western y el neo-noir en todos y cada uno de sus trabajos. Así como una violencia que roza lo extremo o diálogos punzantes, ingeniosos y que memorizas de un plumazo.

Brad Pitt, Leonardo DiCaprio y Al Pacino (Sony Pictures).

Pero quizá faltaba algo en ellos. Algo más personal. Más humano. Y eso que los grandes personajes de la filmografía de Tarantino están dotados de alma -escoged el que queráis-. Faltaba, digo, Érase una vez en... Hollywood, su novena película y última hasta la fecha. El filme, para mí, más personal del director nacido en Knoxville, Tennessee, el 27 de marzo de 1963. Faltaba porque, en líneas generales, se trata de una película que desarrolla más la vertiente humana de los protagonistas por encima de la acción intrínseca a todas las historias de Tarantino. La hay, sí, pero muy por debajo a lo que nos tiene acostumbrados.

Un Macguffin a lo bestia

En Érase una vez en... Hollywood, Quentin Tarantino utiliza la excusa del brutal asesinato de la actriz y modelo Sharon Tate a mano de la 'Familia Manson' para hacer una declaración de amor pública al cine y a una época que, tal vez, terminó aquel agosto de 1969. De hecho todas las 'promos', sí al menos la mayoría, lanzan el gancho de este cruento crimen para atraer a las masas hacia la taquilla del cine. Y solo Tarantino es capaz de utilizar algo tan macabro para convertirlo en amor al arte. Lo consigue, por cierto.

Quentin Tarantino dando instrucciones a Margot Robbie, la tierna Sharon Tate (Sony Pictures).

Sin embargo, cuando descorres esta cortina, este señuelo, te encuentras la historia principal de la  película. La historia de un actor, Rick Dalton, estrella de la televisión y del western, que trata de amoldarse al ocaso de un género y una época en Estados Unidos que, en cambio, está a punto de vivir su esplendor en Europa. Sin el glamour de la meca del cine, por supuesto -gran aportación en este punto de Al Pacino como productor cinematográfico-.

Y junto a Dalton, su amigo y compañero de trabajo, su doble en las escenas de acción, Cliff Booth. Esos especialistas de época que copaban los rodajes en exteriores o estudios y se jugaban la vida por la estrella de turno. Una pieza más del engranaje del show. Eso sí, mucho menos cotizada, sin lujos y nada de alfombras rojas.

La última película de Luke Perry antes de morir (Sony Pictures).

En la piel de Dalton y Booth: Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, respectivamente. Descomunales los dos. Ambos brindan interpretaciones colosales delante de la cámara de Tarantino. Están sueltos, están cómodos. En su salsa. A veces introspectivos, otras desatados. Y cuando están juntos son química pura. Se entienden y complementan a unos niveles que no recuerdo desde hace mucho tiempo.

A través de ellos, el director muestra aquella forma de hacer cine entonces, con un puñado de secundarios donde la nota emotiva la pone la última aparición en pantalla de Luke Perry. Es un homenaje, insisto o eso me transmite a mi, a quienes levantaban cada día esa fábrica de sueños -algunos de ellos truncados- que representa Hollywood, donde nada queda al azar y todo está conectado.

El final de la inocencia

¿Dónde está la conexión? En la trama, DiCaprio es el vecino de Margot Robbie, que encarna a la desafortunada Sharon Tate. Todo el mundo con un mínimo de interés sabe cuál fue su destino. Y en Érase una vez en... Hollywood se nos presenta a una Tate inocente, pura, rebosante de ilusión y vida. Todo eso en la figura de Robbie, angelical, cobra una fuerza aún mayor. No existe la palabra peligro para ella y desde luego no es consciente de su existencia.

Margot Robbie encarna todos los atributos de la angelical y desafortunada Sharon Tate (Sony Pictures).

De este modo, Tarantino la coloca como una suerte de icono que representa a todo un elenco de estrellas míticas del celuloide como Bruce Lee, su propio marido Roman Polanski, o el siempre eterno Steve McQueen, al que da vida Damian Lewis (Hermanos de Sangre).

Son prácticamente divinidades que discurren sus días entre rodajes, mansiones de lujo, sensualidad, fiestas interminables... En definitiva, la vida perfecta en la meca del cine. Es algo así como el Olimpo en la Tierra. Deidades que de cuando en cuando se mezclan con los mortales, que para su desgracia les van a mostrar el significado de la palabra. Sobre todo esos "putos hippies" con la 'Familia' Manson como principal baluarte del mal. Porque ya se sabe que en el Paraíso...También hay serpientes como Charles Manson dispuestas a morder.

Margaret Qualley, una de las 'chicas Manson', junto a Tarantino (Sony Pictures).

Ese conflicto social llega a su nivel máximo de tensión en la aparición en pantalla de Bruce Dern. Una presión, una angustia protagonizada por Brad Pitt -también- al nivel del sótano de Malditos Bastardos. Para mi esa colisión es uno de los puntos fuertes del filme dentro de esa radiografía a una época que supone Érase una vez en... Hollywood.

La acción, en un segundo plano

Ya aventuraba antes que la acción violenta, paradigma del universo 'tarantiniano', queda en un segundo plano en este su noveno trabajo. La esencia, repito, está en los personajes, en un periodo del tiempo y del séptimo arte que ha influenciado toda la vida de Quentin Tarantino. Pero ese amor, como todo en exceso, quizá se vuelve algo reiterativo en los eternos rodajes por los que se mueve Dalton/DiCaprio.

Brad Pitt y Mike Moh en el papel de Bruce Lee (Sony Pictures).

De ahí que el metraje se extienda a las casi tres horas cuando podía sintetizarse e introducir un poco más de chispa en forma de violencia explícita. El enfant terrible dejar de serlo por un día para ser más humano. No se lo vamos a reprochar a estas alturas, pero de vez en cuando alguna píldora en este sentido se agradece.

Como también la vis cómica, mucho más esparcida a lo largo de la trama. Como siempre es un humor que se asienta en diálogos inteligentes y mordaces. Esos que forman la subcultura de la que hablaba al principio. Y aquí hago una especial mención, para ir terminando, a la jovencísima y magnífica Julia Butters. Un soplo de aire fresco cuando la trama de Érase una vez en... Hollywood parece estancarse.

Damon Harriman es Charles Manson en la gran pantalla (Sony Pictures).

En definitiva, no estamos ante la mejor película de Tarantino. Pulp Fiction sigue en ese escalafón inamovible. Pero sí es la más diferente hasta la fecha y de una calidad superlativa. Además vuelve a demostrar que domina como nadie esos planos grúa que te meten de lleno en la imagen.

Así que en Érase una vez en... Hollywood no hay una meta final. Es un camino abierto, más personal. Algo así como, llegados hasta aquí, que alguien recoja el testigo y siga hacia delante. Como aquel cine de agosto de 1969 que no murió, sino que evolucionó a otra cosa, la obra del de Knoxville perdurará en el tiempo, sí, y seguro que alguien continuará con su legado.

  

Ficha Técnica


Título original: Once Upon a Time in... Hollywood

Año: 2019

Duración: 165 min.

Género: Drama / Thriller / Comedia Negra / Cine dentro del cine

País: Estados Unidos Estados Unidos

Dirección: Quentin Tarantino

Guión: Quentin Tarantino

Fotografía: Robert Richardson

Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Al Pacino, Kurt Russell, Bruce Dern, Timothy Olyphant, Michael Madsen, Tim Roth, Zoe Bell, Damian Lewis, Luke Perry, Emile Hirsch, Dakota Fanning, James Marsden, Clifton Collins Jr., Scoot McNairy, Damon Herriman, Nicholas Hammond, Keith Jefferson, Spencer Garrett, Mike Moh, Clu Gulager, Martin Kove, James Remar, Lena Dunham, Austin Butler, Julia Butters, Leslie Bega, Maya Hawke, Brenda Vaccaro, Lorenza Izzo, Penelope Kapudija, Margaret Qualley, Rumer Willis, Dreama Walker, Costa Ronin, Madisen Beaty, Sydney Sweeney

Puntuación: 8/10

2 comentarios:

  1. Bueno, esta si tengo muchas ganas de verla, no me ha paso lo mismo con su dos trabajos anteriores, que me parecen mediocres viniendo de él.
    Un saludo

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  2. Para mi, como lees, la más diferente de su carrera. La que se sale de la senda. Ya me contarás

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