Siempre que el actor y director francés Mathieu Kassovitz aparece en cualquier proyecto cinematográfico, éste es digno de tener en cuenta. Al menos a priori. Para bien o para mal -más de lo primero, afortunadamente- sus trabajos suele dejar poso. Como ocurrió en 1995 con El odio, tal vez su mejor obra como director. Sin embargo el gran público le pondría cara definitivamente por su papel en Amelie (2001). Posteriormente seguiría creciendo con Amén (Costa-Gavras, 2002) y Munich (Steven Spielberg, 2005).
Kassovitz ha seguido encajando papeles cómicos, pero fundamentalmente dramáticos, además de dirigir obras propias quizá no con las mismas luces que las anteriormente mencionadas. Así hasta llegar a la que aquí nos ocupa hoy: Sparring (2017), la ópera prima de Samuel Jouy, que da el salto de la interpretación a la dirección en esta producción de los estudios propiedad de Luc Besson y que se encuentra disponible en Netflix.
Kassovitz ha seguido encajando papeles cómicos, pero fundamentalmente dramáticos, además de dirigir obras propias quizá no con las mismas luces que las anteriormente mencionadas. Así hasta llegar a la que aquí nos ocupa hoy: Sparring (2017), la ópera prima de Samuel Jouy, que da el salto de la interpretación a la dirección en esta producción de los estudios propiedad de Luc Besson y que se encuentra disponible en Netflix.



















